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Ronsental Alves durante su keynote en el evento Punto de Encuentro. Fotografía de Desireé Esquivel.

 

Este es el keynote que Rosental Alves, director del Knight Center de la Universidad de Texas, dio durante Punto de Encuentro, el tercer evento anual de SembraMedia sobre periodismo emprendedor e innovador

Por: Rosental Alves

Cuando empecé en el periodismo, hace poco más de 50 años, ingresé en una profesión estabilizada, cristalizada en modelos narrativos y de negocios muy sólidos. Todo parecía más simple.

Hace 30 años, cuando empecé a interesarme en la revolución digital que estaba por venir, yo tenía la intuición de que toda aquella estabilidad, toda aquella solidez de los medios estaba a punto de  ser afectada por un movimiento sísmico de grandes proporciones.

Hace casi 25 años, cuando vi la web por primera vez, me di cuenta de que el terremoto había llegado y empecé a dedicarme a su principal consecuencia: la transición del ecosistema mediático de la era industrial a la era digital y sus implicaciones para el periodismo.

Mientras muchos hablaban de la web como un nuevo medio, yo insistía en que era mucho más que eso. Era la punta del iceberg de algo mucho más grande, una revolución como muy pocas antes en la historia de la humanidad. No se trataba de un reacomodo de los medios para dar lugar a uno nuevo, como pasó con la llegada de la radio y de la televisión. Era, lo que yo denominé en 1999, un mediacidio, la muerte del sistema comunicacional de la era industrial y la formación de uno nuevo para la era digital.

Empecé a decir que íbamos a pasar de los medios de masa a una masa de medios. De una comunicación media-céntrica a una comunicación yo-céntrica, donde yo o todos nosotros nos empoderábamos como potenciales medios de comunicación. Y como creadores de medios de comunicación, se derribaban las barreras de entrada en el mercado de los medios. Muchas más voces podrían ser escuchadas, no solo aquellas de los barones de los periódicos, por ejemplo, los únicos que tenían las rotativas, los rollos de papel prensa y la tinta. O los barones de la radiodifusión, los únicos que tenían las estaciones de radio y televisión.

Vean lo que ha pasado después de solo un par de décadas. Mientras los medios tradicionales se achican y tratan de superar las dificultades creadas por el terremoto digital para poder sobrevivir de alguna forma, hay una proliferación de nuevos medios, una nueva generación de organizaciones periodísticas nativas digitales.

El Directorio de Medios de SembraMedia es un retrato de esta nueva generación de medios en español. Son centenares de emprendimientos periodísticos innovadores, muchos de los cuales ya han tenido un gran impacto en sus comunidades, ciudades, regiones o países.

En estos días, Brasil vive las consecuencias de las filtraciones de los mensajes entre el juez Sergio Moro y los fiscales del caso Lava Jato, investigadas con rigor periodístico por el medio The Intercept Brasil. El periodismo brasileño se va renovando a través de la nueva generación de organizaciones nativas digitales como The Intercept, Nexo, Agência Pública, Poder360, Repórter Brasil, Jota, Mural y tantas otras.

Aquí en México, algunos de los más influyentes medios de comunicación ya son organizaciones nativas digitales de periodismo independiente, como Animal Político, Horizontal, Mexicanos Contra de la Corrupción y la Impunidad y Aristegui Noticias. Esta tarde vamos a tener el privilegio de escuchar a Carmen Aristegui y saber más sobre la situación del periodismo independiente e innovador en México. Y por todo el país han nacido medios nativos digitales que están haciendo periodismo pese a un ambiente de alto riesgo y mucha hostilidad. Como en el caso de La Verdad de Ciudad Juárez y los otros diez miembros de la Alianza de Medios. 

En Argentina, no se puede analizar correctamente el ambiente mediático si uno se olvida de incluir a Chequeado, un medio pionero e innovador en tantos aspectos, que ha traído para América Latina el fact-checking como un nuevo género del periodismo. Pero hay también muchos otros ejemplos argentinos.

En Colombia, La Silla Vacía se destaca entre centenares de iniciativas de periodistas emprendedores, la gran mayoría de ellos ubicadas en el interior del país, donde se vuelven en muchos casos los únicos medios locales en regiones consideradas desiertos de noticias —un fenómeno que, por cierto, se repite por toda la región.

En Centro América, los ejemplos de periodismo independiente, innovador y con creciente influencia también son muchos. Van, desde El Faro de El Salvador, el abuelito de los medios digitales de América Latina, por haber sido el primero, hasta Plaza Pública y Nómada, en Guatemala, y Confidencial en Nicaragua, que se ha tornado el principal bastión de resistencia frente a los violentos ataques de la dictadura de Ortega.

Venezuela nos ofrece otro ejemplo de periodismo independiente, innovador y valiente que hace frente a una dictadura cruel. La gran periodista Luz Mely Reyes, cofundadora y directora de Efecto Cocuyo nos va a contar hoy su increíble historia. Yo sigo la lucha de Luz Mely por mantener la ética y la dignidad de su periodismo independiente desde que ella trabajaba para un periódico tradicional. De allá tuvo que salir cuando la censura del régimen cayó pesado para impedir que siguieran sus investigaciones.

La semana pasada, hemos visto por las redes, cómo César Batiz, fundador de El Pitazo, lideraba una manifestación de docenas de personas que protestaban contra la censura en Venezuela. En la entrada del edificio de Movistar, César demandaba que esa operadora de celulares desbloqueara el acceso a El Pitazo TV. Al mismo tiempo que protestaba, César enseñaba a la gente en Twitter, Facebook y WhatsApp cómo bajar las apps Itra o Psiphon, con las cuales se puede anular el bloqueo de Movistar y acceder a El Pitazo TV.

Efecto Cocuyo, El Pitazo, RunRun.es, Armando.info, ProDavinci y tantos otros medios digitales independientes venezolanos merecen nuestro apoyo y admiración. En medio a tanta adversidad, ellos representan la enorme diversidad de modelos, la innovación y la creatividad de esta nueva generación de organizaciones periodísticas independientes que proliferan no solo en nuestra región, sino alrededor del mundo.

Esta multitud de nuevos medios digitales independientes y la disrupción de medios tradicionales coinciden con una ola populista y autoritaria que se ha tornado en una creciente amenaza a la democracia. Una ola populista que se basa, en gran parte, justamente en la disrupción de los medios, en el proceso de desintermediación, sobre el cual veníamos alertando hace años.

Sí, por un lado, la revolución digital democratizó el acceso a la creación de nuevos medios, por otro, abrió flancos comunicacionales de guerra psicológica, desinformación, manipulación política que están siendo utilizados en esa comunicación directa, desintermediada, sin los filtros de la ética, de la disciplina de la verificación, de los métodos y procesos del periodismo.

En ese contexto, el rol de los nuevos medios independientes dedicados al periodismo cívico, de interés público se vuelve aún más importante. Como ustedes bien saben, el problema de estos medios digitales está en su sustentabilidad. Es fácil crear una startup periodística. Lo difícil es hacerla rentable o auto-sostenible. Por eso es tan importante que tengamos organizaciones como SembraMedia y programas generosos como Velocidad, del cual ciertamente vamos a hablar más en este encuentro.

La necesidad de apoyo a emprendimientos periodísticos digitales innovadores no existe solo aquí en América Latina. En Estados Unidos, tengo el honor de estar entre los directores de un nuevo programa, similar a Velocidad, que acaba de ser creado, llamado American Journalism Project. El AJP ya recogió unos 44 millones de los 50 millones de dólares que quiere utilizar para ayudar a unas tres docenas de medios locales estadunidenses que calificamos como CNOs, civic news organizations u “organizaciones de periodismo cívico”.

Muy similar a Velocidad, AJP no tiene por objetivo simplemente financiar las operaciones de las startups. La intención no es dar el pescado sino ayudarlas a aprender a pescar. Sabemos que las organizaciones que vamos a elegir están en manos de buenos periodistas. Pero también sabemos que esos periodistas necesitan ayuda para crear una infraestructura de  sostenibilidad adecuada al nuevo ecosistema mediático.

Por más de 15 años, he mostrado en mis charlas por el mundo dos viejas fotos para ilustrar la idea de que los medios necesitaban una reconversión radical para sobrevivir en el ecosistema mediático que aparecería después del diluvio digital.

Rosental Alves

Durante el encuentro Punto de Encuentro, Rosental Alves habló de los cambios del periodismo en la región. Fotografía de Desireé Esquivel.

La primera foto mostraba algunos cactus y vegetación seca, un escenario de desierto. Yo decía que este ecosistema biológico basado en la escasez de agua representaba el ecosistema mediático de la era industrial, en el cual había escasez de canales de comunicación, de información, de maneras de acceder, procesar y diseminar información. Todo ese privilegio de relativamente pocos medios de masa.

La segunda foto mostraba un bosque húmedo, tropical. Un ecosistema biológico basado en la abundancia o híper-abundancia de agua representaba el ecosistema biológico desconocido, en el cual estábamos por entrar. Abundancia de canales de comunicación, de información, de maneras de acceder, procesar y diseminar información. Lo que era monopolio de los medios de masa estaría al alcance de todos los que tuvieran acceso a Internet.

Muchas veces dije a periodistas y empresarios de comunicación escépticos que el cactus no iba a sobrevivir en la selva tropical, por tanto, debían empezar de inmediato a transformarse, a reconvertirse en digital, a adaptarse a lo que estaba por venir. Pero sobrevivir en esa selva digital no es fácil, ni para los viejos medios, ni para los nuevos.

No hay una fórmula mágica, una bala de plata. Cada caso es un caso, cada mercado es diferente, cada comunidad tiene sus propias características. Estamos creando una diversidad de modelos, como la biodiversidad de la selva.

Quizás la más importante disrupción que ha afectado a los medios ha sido en la publicidad. Vivimos en una era post-publicidad. O, por lo menos, post-publicidad como principal fuente de ingresos para financiar el periodismo de calidad. Todos sabemos que Google y Facebook destrozaron el valor de la publicidad tradicional, al ofrecer opciones mucho más baratas y mucho más eficientes que las de los medios de masa.

Aun así, veo con frecuencia que periodistas emprendedores lanzan proyectos basados en la publicidad, como si estuviéramos en el siglo pasado.

En los medios tradicionales, veo una carrera peligrosa para el paywall, como si los muros de pagos fueran una panacea. La lógica es simple: si no tenemos más la publicidad, hagamos el lector pagar. Las suscripciones tradicionales no son una panacea. Pueden funcionar para algunas publicaciones, pero no para todas. Pueden ser parte de la solución pero no son una bala de plata.

En Estados Unidos, el éxito de los tres periódicos nacionales con suscripciones digitales es la excepción a la regla. Mientras en América Latina, recién los grandes periódicos empezaron a erigir muros de pago con resultados mixtos.

En lugar de suscripciones, he estado defendiendo hace rato que los medios periodísticos deberían adoptar un sistema de membresía. Hace unas semanas en el Centro Knight, tuvimos el honor de publicar en español y portugués uno de los estudios más interesantes del programa Membership Puzzle, un e-Book que les recomiendo mucho pues sale del periodismo y busca lecciones de otros tipos de organizaciones que dependen de sus miembros.

En este nuevo ecosistema mediático, la relación de las audiencias con el medio no es la misma que antes, cuando se vendía un producto a un mero y distante consumidor. En la sociedad en red en que vivimos, hay que construir una relación distinta, mucho más cercana con las audiencias.

En lugar de suscriptores, los medios deben buscar socios, como los más de 30 mil que tiene eldiario.es, en España; amigos, como los tiene La Silla Vacía, en Colombia; aliados, como los tiene Agência Pública, que está en plena campaña de buscar miembros en Brasil; excavador ciudadano, como los que aportan para El Faro, en El Salvador.

Los medios que van a sobrevivir y prosperar son aquellos que consigan contar con la participación y el apoyo activo de sus audiencias. Para eso, hay que buscar darles a sus miembros un sentimiento de pertenencia, de participación en el trabajo periodístico. Estar próximo a su comunidad, escucharla, contestarla.

El dinero que pueda venir de la audiencia debe ser, en la mayoría de los casos, solo parte de una canasta variada de fuentes de ingresos. He aquí la clave del éxito de muchos medios en estos tiempos: la diversidad de los ingresos, a través de la búsqueda de fuentes no tradicionales de ingresos que sean compatibles con la independencia editorial y los principios éticos del periodismo.

Quién podía imaginar que el New York Times, quizás el más exitoso periódico del mundo, se ocuparía de vender viajes de turismo con sus periodistas o kits de comida que se entregan en la puerta de los lectores de su sección de culinaria. U organizar eventos, lucrativas conferencias, tener una tienda para vender souvenires, etc.

Entre los medios digitales más exitosos en Estados Unidos, se encuentra el Texas Tribune, con un modelo de negocios que se caracteriza justamente por la diversificación de fuentes de ingresos. Con mucho orgullo, he estado en su consejo de directores desde la fundación del Tribune, hace casi diez años. He visto su presupuesto anual crecer del millón y medio en 2010 a 10 millones de dólares el año pasado. Los ingresos de estos primeros nueve años fueron de 56 millones de dólares, algo inimaginable cuando empezamos en 2009.

Texas Tribune tiene cinco fuentes principales de ingresos, cada una con más o menos el 20%: grandes donaciones (principalmente de fundaciones); pequeños donantes; patrocinios de empresas; eventos; y membresía y miscelánea.

En los últimos años, he notado que los ingresos del Texas Tribune que se podrían considerar “comerciales”, pues son generados por acciones de mercadeo o ventas, son casi la mitad de los ingresos totales de la compañía. Son principalmente eventos y patrocinios corporativos, pero incluyen también ventas de derechos para libros didácticos y pagos recurrentes de membresía.

Observen que cuando me refiero al Texas Tribune, no lo llamé ONG u organización, sino compañía. Aunque sea oficialmente una ONG, una organización sin fines de lucro, la Tribune actúa como una empresa cualquiera. Ser sin fines de lucro es una cuestión fiscal y tienes ciertas limitaciones y obligaciones legales. Pero tenemos que buscar ingresos como cualquier empresa con fines de lucro.

¡Bienvenidos al periodismo sin fines de lucro!

Sé que en América Latina hay una gran resistencia a proyectos de periodismo sin fines de lucro. A mí me dijeron muchas veces que “eso es cosa de gringos”. Es cierto que en Estados Unidos hay una tradición de filantropía única, que no se ve ni siquiera en Europa. Es cierto que no existe en América Latina aquella tradición tan linda del “give back”, el “dar de vuelta por gratitud,” que motiva a los ricos a donar a sus comunidades o instituciones. Pero yo les ruego que no descarten la posibilidad de que su organización periodística no tenga fines de lucro solo porque esa tradición no existe en América Latina.

Primero, les invito a que sean realistas con respecto a la posibilidad de que startups periodísticas tengan lucro en el actual ambiente mediático de la región. No es solo una cuestión de querer ser sin fines de lucro. Es que no tiene mucho sentido, dependiendo del tipo de periodismo independiente que se practique, pues no hay perspectivas de lucro. En muchos casos, no hay plan de negocio posible basado en publicidad digital o en venta de suscripciones. Eres sin fines de lucro porque no hay lucro en la actividad cívica que desarrollas.

En ese caso, mejor ser radicalmente transparente, crear una comunidad de miembros, buscar donantes y, al mismo tiempo, tratar de obtener ingresos con otras actividades éticamente compatibles con el periodismo independiente que necesitas financiar.

No digo que el periodismo sin fines de lucro va a reemplazar el con fines de lucro. O que los medios comerciales van a acabar. Lo que digo es que entramos en un proceso inexorable de achicamiento del periodismo como negocio, de su capacidad de generar lucros que hizo tanta gente rica en el siglo pasado. Y en ese contexto, tendremos más diversidad de modelos de organizaciones periodísticas, incluyendo un gran crecimiento en los próximos años del número de organizaciones sin fines de lucro dedicadas al periodismo cívico, investigativo, de interés público, que es indispensable para el funcionamiento de la democracia.

Conozco a algunas organizaciones periodísticas digitales en América Latina que sobreviven gracias a grants, subvenciones de fundaciones y donaciones de sus lectores, pero prefieren seguir siendo compañía con fines de lucro. Deben tener sus razones para eso, pero la realidad es que ya son de facto un modelo híbrido, que cuenta con ingresos filantrópicos y comerciales.

En Estados Unidos, quizás el sector de la prensa que más crece sea el de pequeñas organizaciones periodísticas sin fines de lucro que proliferan por el país. Son creadas en general por periodistas despedidos por los medios tradicionales. El año pasado, las casi 200 organizaciones afiliadas al INN, el Instituto de Periodismo Sin Fines de Lucro, tuvieron ingresos superiores a 350 millones de dólares. Claro, se trata de una fracción de los ingresos del sector comercial. Pero este cae vertiginosamente, mientras las pequeñas sin fines de lucro siguen creciendo.

Y ese crecimiento de las donaciones al periodismo ha llamado la atención de la prensa comercial, que también está entrando en la competencia por subvenciones. El periódico campeón en conseguir esas donaciones es el Seattle Times, que obtuvo millones de donantes para financiar investigaciones y proyectos específicos, que no podía hacer por cuenta propia, como hacía en los tiempos de las vacas gordas.

La semana pasada, el New York Times anunció la creación del puesto de vicepresidente de filantropía y contrató justamente la persona que hacía ese trabajo en el Seattle Times. ¿Quién podría imaginar que el New York Times tendría una vicepresidenta para pedir donaciones?

Pues así son los nuevos tiempos. Llenos de sorpresas. La única certeza que tengo es que el ecosistema mediático que estamos creando será cada vez más radicalmente diferente que el anterior. Y en él habrá espacio para el periodismo independiente, libre, indispensable para que tengamos democracia y justicia social.

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