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riesgos de seguridad

Fotografía de Salvador Meléndez-Revista Factum, El Salvador.

Cada reportería implica un nivel de riesgo para el periodista. Hay entrevistas, coberturas y búsquedas más peligrosas que otras. Y para esto, existe una serie de protocolos, guías, consejos que los reporteros deberían seguir. En medios tradicionales, estas coberturas más delicadas suelen hacerse en equipo —conductor, fotógrafo y periodista— pero en medios independientes muchas veces el reportero hace las veces de los tres.  

En redacciones más pequeñas, los periodistas emprendedores arman estrategias para enfrentar los riesgos de seguridad y poder seguir haciendo investigaciones.

Tres reporteros y editores con experiencia en coberturas riesgosas, Ernesto Aroche —de Lado B en México—, Orus Villacorta y Fernando Romero —ambos de revista Factum en El Salvador— cuentan cómo han enfrentado este tema.

Una estrategia ordenada

A fines de 2016 en Lado B empezaron a reportear sobre la seguridad en la ciudad de Puebla, ubicada en el centro de México. Se estaba terminando el periodo del gobernador Moreno Valle, y querían entender la incidencia de la delincuencia. Ernesto Aroche, editor fundador de Lado B, cuenta que empezaron la reportería “desde la relativa seguridad de las cifras estadísticas, desde la frialdad de los números”. Analizaron los datos para definir las zonas donde debían salir a recabar información y luego definieron la estrategia de seguridad para la cobertura. Esto, dice Ernesto, implicaba prerreporteo en zonas conflictivas.

Dividieron la estrategia en tres fases:

  1. Periodo de cobertura y plan de gastos. En esta etapa se preguntaron ¿La cobertura toma más de un día? Si es así, hay que buscar hoteles seguros. ¿Cuál es el gasto promedio de comida? ¿Nos moveremos en vehículo particular o en transporte público? ¿La zona es segura para ello?
  2. Agenda de entrevistas. Se preguntaron ¿Las autoridades son confiables o no? ¿Es necesario presentarse con ellos? ¿Las reuniones con las fuentes serían en lugares públicos o en lugares menos visibles? ¿Hay horarios de riesgo?
  3. Protocolo de seguridad. Definieron el monitoreo, la cadena de reacción, los contactos con autoridades, aliados y organizaciones de protección.

La estrategia también abarcó la publicación “para maximizar el impacto y atomizar el riesgo”. Buscaron aliados para la distribución del material y para la seguridad en la cobertura. La Red de Periodistas de a Pie los ayudó a trazar un plan de monitoreo: con fechas de salida y horarios de monitoreo, ruta a recorrer, y agenda de entrevistas.

El resultado periodístico fue Puebla Bajo Amenaza, un proyecto con amplio alcance cuya reportería no puso en riesgo a los reporteros.

Ernesto dice que cada vez que deciden entrar a las zonas de riesgo, lo hacen siguiendo este protocolo de seguridad.

Siempre ir acompañado

El 3 de diciembre de 2018, Revista Factum de El Salvador publicó “Un club del crimen carcome a la Fuerza Armada”, un reportaje que aborda la historia de un grupo de oficiales de alto rango del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada del país, encargados de la inteligencia, que estructuraron una red en la que incluyeron policías, abogados, médicos y civiles informantes para frustrar un juicio contra ocho soldados de la inteligencia que eran acusados de privar de libertad y de torturar a dos personas en el departamento de Ahuachapán.

La investigación reveló que los oficiales, a través de esta red, intentaron sobornar, amenazaron y planearon asesinar a las dos víctimas, para que no declararan en el juicio. Los soldados, sin embargo, resultaron condenados a 14 años de cárcel y los tres oficiales de inteligencia fueron capturados un año después, luego de una serie de intervenciones telefónicas que hizo la Fiscalía General.

Sobre la reportería, el periodista de la revista Factum, Fernando Romero, dice que uno de los principales aciertos fue mapear el lugar a visitar con anticipación, elaborar un itinerario, con horario establecido, y mantener la comunicación con la sala de redacción con cada movimiento. “Es preciso mantener estos chequeos de ubicación, pues garantizan una reacción más rápida ante cualquier incidente”, dice.

Como desacierto, que luego fue discutido en la redacción, señala el haber reporteado en estos lugares sin compañía. “Los protocolos de seguridad para periodistas y medios de comunicación conocidos instruyen el acompañamiento de una o más personas para hacer este trabajo de campo. Las personas investigadas, si se trata de fuentes de naturaleza agresiva, como pandillas y militares, suelen actuar con mayor impunidad contra las personas cuando están solas. No es la garantía total de seguridad, pero sí es, digamos, más difícil que traten de intervenir a dos o más personas”. En Factum saben que los reporteos riesgosos en solitario no son recomendables y que las sugerencias van orientadas a redoblar las medidas específicas de seguridad en el terreno.

Los errores más recurrentes

Orus Villacorta, codirector de Revista Factum dice que uno de los principales errores es reportear “sin conocer con propiedad los límites y atribuciones con los que la Policía, los militares (o cualquier agente de autoridad pública) posee”. Para explicarlo cuenta que una vez, mientras reporteaba en La Esperanza, Intibucá (Honduras), sobre el homicidio de Berta Cáceres —la activista hondureña asesinada el 2 de marzo de 2016—, a los pocos minutos de bajarse del bus en el que se transportaba con el fotógrafo, agentes policiales los detuvieron para pedirles información personal que iba más allá de la identificación del medio. “Información que concedimos bajo intimidación”.

Sobre esto, Orus recomienda que “por una parte es necesario manifestar que conocemos nuestros derechos y hacer saber que conocemos los límites que la ley le confiere a la Policía; sin embargo, por otra parte es necesario conocer la realidad en la que funcionan las cosas en condiciones en donde la ley es irrespetada incluso por aquellos que, en teoría, deberían protegerla. Ese es el caso de Honduras, El Salvador, Guatemala, México y muchos países más, donde la desconfianza en los agentes de seguridad es un método de supervivencia”.  

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