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En abril de 2020 más del 90% de los estudiantes en el mundo fueron impactados por las cuarentenas decretadas frente a la pandemia de COVID-19. El trabajo de millones de docentes se volcó de forma acelerada a la virtualidad. ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan en esta nueva modalidad? ¿Qué ideas prácticas se pueden tomar para encarar la docencia virtual de emergencia? ¿Qué aprendizajes podemos sacar a futuro?

Por Patricio Contreras

Fotografía realizada por Kaitlyn Baker en Unsplash

Según datos de UNESCO, a comienzos de abril de 2020 más del 90 por ciento de los estudiantes inscritos en programas educativos en el mundo —desde educación primaria a educación superior— habían sido impactados por las cuarentenas decretadas a raíz de la pandemia del Covid-19. Eso implicó acelerar el proceso de virtualización de la enseñanza y aceptar todas las complejidades que conlleva: desde la falta de acceso a tecnología y conectividad hasta el desarrollo de códigos digitales (netiquette) que garanticen una convivencia armoniosa entre profesores y estudiantes.

Para las escuelas de periodismo se trata de un desafío con luces y sombras: hay excelentes reporteos que se puede hacer desde casa (esta carta de Paulette Desormeaux a sus estudiantes así lo demuestra), pero otras historias exigen salir a la calle, que hoy implica un riesgo sanitario. No hay una fórmula salvadora. No existe un Learning Management System —como Canvas o Blackboard— que solucione todos los problemas. Hoy todos estamos en fase beta, experimentando y probando qué nos resulta y qué nos falla.

A principios de mayo de 2020 la Red de Profes de Periodismo Emprendedor organizó un encuentro virtual, convocado por Janine Warner, directora ejecutiva de SembraMedia, para compartir experiencias —algunas satisfactorias, otras frustrantes— durante esta pandemia. En este posteo incluyo algunas de las propuestas que surgieron ahí, además de resumir recomendaciones, sugerencias, kits de herramientas, salvavidas pedagógicos y gritos de auxilio que se han publicado en estos tres meses.

Espero que estas ideas les sirvan para sobrellevar este proceso. Y preparar lo que se viene en los próximos meses y años.

Primera idea: no estamos haciendo clases virtuales

A fines de abril el francés Frederic Filloux, analista de medios y editor de Monday Note, se preguntó si el periodismo puede enseñarse virtualmente. Para responderse a sí mismo, estableció una distinción entre clase en línea y clase remota.“La primera es desde el principio diseñada para ser enseñada en línea (…) Una clase remota es la versión en línea improvisada de una clase que generalmente se da en persona. Ahí es donde comienzan las dificultades”, escribió.

Su comparación es un oportuno alivio para descomprimir la presión de la situación actual. Lo que dice Filloux es que, desde marzo de 2020, no hemos hecho clases virtuales: hemos ensayado soluciones docentes a una situación inédita, de manera remota, replicando —aspirando a que funcione— la interacción de la sala de clases en una videollamada. Y eso ha sido un caldo de cultivo para ansiedades y frustraciones.

Su mensaje también es tranquilizador. Profesores: nadie los preparó para esto, no se martiricen, pero sí prepárense para el futuro de la educación post-pandemia. Recomiendo descargar y leer el libro gratuito de Hugo Pardo y Cristóbal Cobo que reafirma esta idea: “Expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia”.

Segunda idea: desZoomificar la docencia

Susan Blum, profesora de antropología en la Universidad de Notre Dame, publicó un artículo notable para explicar por qué Zoom —o las videollamadas en general— nos succionan toda la energía. A diferencia de la interacción de una sala de clases, en la videollamada nos interrumpimos permanentemente y nos agotamos intentando descifrar y leer toda la comunicación no verbal de nuestros estudiantes, incluso lo que sucede tras las pantallas en negro.

Si sacamos a Zoom del recetario, hay que pensar en alternativas. En Wonder Tools, su recomendable boletín de herramientas, Jeremy Caplan, profesor de la Newmark J-School en CUNY y referente del periodismo emprendedor, sugiere ir más allá de Zoom y utilizar Loom para enviar mensajes breves, explicar algo, hacer anuncios o retroalimentar. Independiente de las plataformas, lo que propone es alternar la docencia virtual entre clases en vivo (sincrónicas) y clases grabadas (asincrónicas). Loom es una alternativa gratuita para grabar desde Google Chrome, Windows y Mac. En marzo hice un tutorial de cómo utilizarlo y ya tiene más de doce mil reproducciones en Youtube: hay hambre por conocer otras modalidades de enseñanza virtual.

En la reunión virtual de la Red de Profes, India Molina, directora de la carrera Periodismo ETER en Argentina, contó cómo diversificó sus plataformas de trabajo y abrió una cuenta en Instagram para introducir temas que luego serán profundizados, siguiendo el modelo de aula invertida. “Los hago moverse. Nos juntamos, leemos un texto, hablamos de una cosa, les digo ‘tienen tres minutos para ver esto’, en el chat pongo el link y nos encontramos en el Drive. Y ahí, de manera colaborativa, van escribiendo”, dijo.

Tercera idea: una defensa de la brevedad

Si vas grabar tus clases, te sugiero prestar atención a los principios de diseño multimedia de Robert Talbert, profesor de matemáticas de la Grand Valley State University en Estados Unidos, para pensar, estructurar y ejecutar tus videos: que sea simple (compartir una idea a la vez), que sea breve (máximo 5 a 6 minutos de duración), que sea real (más conversacional que formal) y que sea bueno (en calidad de audio y video).

Si puedes priorizar un aspecto, sugiero que sea la duración. Según Philip Guo de la University of Rochester, lo óptimo es un video de máximo 6 minutos; la reproducción promedio de un video que dure entre 15 y 40 minutos de duración es de ¡menos de 4 minutos! Si tu clase es más extensa, compartimenta y graba cápsulas más breves.

Además, considera la carga de trabajo frente al computador de tus estudiantes. En cuarentena debemos combinar el trabajo habitual con trabajo doméstico y con atención familiar. Si tu curso exige, digamos, una dedicación de 8 o 10 horas semanales, ¿en qué quieres que tus estudiantes las empleen?

Marcela Lorca, coordinadora de la carrera de periodismo de la Universidad del Desarrollo en Chile, lo expresó así: “Lo que estamos observando hoy es cómo mantener a tu audiencia. Hoy ya los estudiantes están dando señas de burnout. Las clases que pensábamos que podían ser iguales en tiempo o en exigencia, quizás ya no puede ser así”.

Cuarta idea: muéstrate y apoya

Una de las cosas que más echa de menos un estudiante de curso virtual es la riqueza de la experiencia cara a cara, reflejada en cinco dimensiones: robustez del diálogo virtual, espontaneidad e improvisación, percibir y ser percibido por el otro, conocer a otros, y aprender a aprender en línea. Los profesores son clave en esa adaptación y para eso deben visibilizarse, ir más allá de los correos y los chats. Hay evidencia de que mostrar la cara en clases grabadas ayuda al proceso formativo virtual; eso también aplica para otras instancias de interacción con tus estudiantes.

¿No sabes cómo hacerlo? Si aún no estás preparado para entrar a TikTok y convertirte en un profesor viral que canta, baila o se ríe de sus propias torpezas, puedes empezar con algo más sencillo: una confesión. Kyungmee Lee, profesora de Tecnología de Aprendizaje Mejorado en la Universidad de Lancaster, propone lo siguiente: “Dile a tus estudiantes que es la primera vez que enseñas en línea y que estás aprendiendo mientras enseñas. Pídeles explícitamente que te ayuden, asegurándoles que también harás todo lo posible para apoyar su aprendizaje”.

No pierdas de vista que la pandemia es un descalabro que ha alterado nuestras vidas laborales, nuestras relaciones humanas y nuestra salud mental. Considera esas condiciones para no presionar —ni presionarte— excesivamente.

Quinta idea: promueve la autonomía

Uno de los riesgos de la transición a la docencia virtual, escribe el académico Vincent Filak, es que los profesores generemos comportamientos más controladores —disminuyendo la autonomía— que los que exhibimos en la sala de clases. Para que un estudiante se sienta autónomo, debe sentir cierto grado de control de la situación. Hoy estamos en un terreno de múltiples matices (y solo un Sith piensa en absolutos), por lo que es mejor ofrecer alternativas, cuando sea posible; si no las hay, explica por qué. El objetivo es entregar dosis de control.

Si la clase sincrónica (en vivo) es obligatoria en tu universidad, hackéala como instancia de interacción. Acá recojo y complemento algunas sugerencias que recibí en Twitter: delega en tus estudiantes la opción de compartir pantalla; pídeles que organicen “conferencias de prensa” con invitados que jamás irían a tu sala de clases (por tiempo, por ubicación geográfica); experimenta, ensaya, crea espacios para fallar, repetir y pivotar.

“Hace poco tuvimos un problema de seguimiento, de espionaje a periodistas bastante grave en Colombia”, contó Sara Trejos, profesora de Empresa Informativa en la Universidad Javeriana de Colombia y embajadora de SembraMedia en ese país. “Entonces tuve la oportunidad de traer a varios periodistas que estuvieron en esta persecución y pudieran hablar de la situación de libertad de expresión con los estudiantes. La idea, además de acercarlos a los riesgos y retos de su profesión, que también tuvieran que estudiar muy bien el caso para que pudieran preparar preguntas para los invitados”.

Patricio Contreras es un periodista chileno y profesor universitario de narrativas digitales y periodismo emprendedor. Es creador de Sala de herramientas, un mini-boletín con recursos, ideas y tutoriales para profesores de periodismo en cuarentena. En Twitter es @pfcontrerasv.

 

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